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Fotografía procedente de infosurhoy

Madrid, 30 de noviembre del 2011.- Ni sistemas GPS, ni avances tecnológicos, ni equipos puramente humanos. Los perros de búsqueda y rescate son una de las herramientas más útiles a la hora de buscar víctimas bajo los escombros de un edificio o sepultadas bajo un alud de nieve. Y, en ocasiones, se convierten en la única alternativa.

Recientemente, con motivo del décimo aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, la BBC nos recordaba el importante papel que jugaron estos valientes animales. En concreto nos habló de una perra labrador, ‘Abby’, que participó en las labores de rescate. Durante diez días rastreó, en busca de supervivientes, el amasijo de escombros y metal en que se habían convertido los edificios del World Trade Center. No fue la única vez que entró en acción: también colaboró en otras misiones, como los rescates tras el paso de los huracanes Katrina y Rita.

‘Abby’ entró a formar parte de la organización sin ánimo de lucro National Disaster Search Dog Foundation (SDF), fundada por Willma Melville en 1995 tras participar con su perro labrador ‘Murphy’ en las tareas de salvamento posteriores a los atentados de Oklahoma. Con ocasión de este hecho luctuoso, la profesora jubilada de Educación Física se dio cuenta de que “eran muchas las personas que habían quedado enterradas con vida y pocos los perros para localizarlas”: de hecho, en aquel entonces sólo había 15 perros de rescate en todo Estados Unidos. Y así fue como creó la fundación, utilizando para sus fines perros abandonados.

Esta fundación es sólo un ejemplo del encomiable trabajo llevado a cabo por cientos de grupos de salvamento especializados en la búsqueda de víctimas en atentados, como los ya citados, o en desastres naturales, como el terremoto de Haití y el tsunami de Japón. En España, se encuentran entre ellos los promovidos por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. La Policía Nacional creó la Sección de Guías Caninos en 1945, en 1947 puso en marcha su escuela de adiestramiento y en 1.994 comenzó a adiestrar perros en la especialidad de rescate de personas en escombros y grandes superficies, con técnicas diferentes a las que se estaban utilizando hasta ese momento. La Guardia Civil recibió autorización para trabajar con perros policía en 1948. Y aunque en un primer momento los dedicó para perseguir a bandoleros y malhechores, en 1982 comenzó a funcionar su Servicio Cinológico. Entre sus objetivos están la búsqueda de personas desaparecidas y la intervención en catástrofes.

No es lo mismo la labor de los canes en uno y otro caso. Si los cuerpos de seguridad buscan a personas desaparecidas o prófugos, se utilizan perros de rastreo que, valga la redundancia, siguen su rastro, normalmente a partir de una prenda que le ha pertenecido y que lleva su olor. Sin embargo, en los rescates bajo escombros, en las avalanchas o en el caso de personas ahogadas, se usan perros de venteo, que no buscan a un individuo en particular, sino el olor humano que se encuentra en el aire.

Así lo explica la web DePerros, que también apunta las características que deben reunir los canes de búsqueda y rescate: un finísimo oído, buena visión nocturna y un agudísimo olfato. También han de ser inteligentes, obedientes y sociables, es decir, estar acostumbrados al trato con humanos y con otros animales. Tienen que ser perros resistentes, para soportar el trabajo en condiciones duras, y ágiles, para moverse con facilidad entre los escombros y superficies poco estables. Un tamaño demasiado grande tampoco suele ser bueno, porque muchas veces tienen que ser transportados en un arnés enganchado a un helicóptero, subirse a un bote pequeño o descender en ‘rappel’. Hay excepciones: a veces se utilizan razas gigantes, como el San Bernardo o el Gran Danés, cuando es necesaria mucha fuerza para arrastrar o sujetar a personas.

Comunicación con el guía

Ya sea un Pastor Alemán, un Golden Retriever, un Labrador, un Collie o un Pastor Belga Mallinoise –todas ellas, entre las razas más utilizadas-, uno de los aspectos básicos es el entendimiento y la comunicación entre el perro y su guía. Como nos dice en internet Isabel Herrán, experta en la materia, “el trabajo del guía es, básicamente, leer a su perro, interpretar lo que le va diciendo en cada momento. Deberá procurar observarle siempre que sea posible y ayudarle a superar obstáculos infranqueables”. En este sentido, los gestos del animal y sus ladridos son fundamentales. Sin embargo habrá ocasiones en que, por las dificultades de acceso que no permiten el paso a personas, el perro tenga que actuar de manera independiente. No obstante, una regla de oro es no confundir esa autonomía del animal con una pérdida de control por parte del guía, que, muy al contrario, deberá mantenerlo durante todo momento.  Para que el can trabaje con seguridad y sin miedos, otra de las condiciones indispensables es el entrenamiento continuo. Un 90% del trabajo que realiza a lo largo de su vida es entrenamiento y sólo el 10%, participación en rescates. Después de tanto tute, también necesitará periodos de descanso. Y, por supuesto, es importantísimo recompensarle. No en vano, este refuerzo es la base del adiestramiento de estos perros.

En rescates en escombros, el ladrido es la señal más común que emite el perro para indicar que ha detectado la presencia de una persona, viva o muerta. Debemos adiestrarle para que se acerque lo máximo posible y que emita un ladrido alto, claro, repetido y perfectamente audible. No hay que olvidar que muchas veces desarrollan su trabajo en lugares con profusión de sirenas y ruidos. Entonces, una vez que señaliza el lugar donde cree que hay una víctima, entran en juego los perros de confirmación. En caso positivo, y en tercer lugar, suelen actuar los equipos de desescombro, que completarán esta ardua e impagable tarea.