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Madrid, 14 de diciembre del 2011.-  Nuestro nombre propio nos distingue y nos diferencia del resto. Al fin y al cabo, tal fue su fin y su sentido original. Los nombres y los motes también pueden describir nuestro carácter o responder a algún rasgo de nuestro aspecto, marcar nuestro destino o, simplemente, ser hermosos y evocar algo bello. Con las mascotas ocurre algo parecido. Y como se acercan las fechas navideñas y puede que usted o algún allegado reciba como regalo un perro, un gato, un caballo, un conejo o, quizá, un animal más exótico, esta semana les ofrecemos algunas pautas que hay que tener en cuenta a la hora de elegir un nombre. Porque para sugerencias, ya estará su propia imaginación y las que aportan libros especializados o las múltiples páginas web que nos dan ideas al respecto (Mi mejor amigo, MascotAmigos, Animalesmascotas,  etcétera).

Además de las funciones anteriormente citadas, los nombres cumplen otra fundamental, sobre todo en el caso de los animales: es la manera de dirigirnos a nuestra mascota y de llamar su atención. En el caso de los gatos, no es tan relevante en un primer momento: al ser un animal independiente y no tan obediente como el perro, no va a responder con tanta facilidad cuando le llamemos. Sin embargo, a medida que pase el tiempo, se acostumbrará al sonido de su nombre y sí reaccionará, explican en Tienda Mascotas. Lo que sí es verdad es que, tanto canes como felinos, no reconocen palabras en sí, sino sonidos. Por eso, en la medida de lo posible y para no confundirles, tenemos que evitar que su nombre se parezca a expresiones que utilizamos de manera cotidiana, sobre todo aquellas que usamos al dirigirnos a ellos para, por ejemplo, darles órdenes.

Otro consejo es elegir un nombre corto, de no más de dos sílabas, para facilitar su aprendizaje. Hay que evitar en la medida de lo posible los apodos y las abreviaturas: con un nombre ya tiene bastante. También con el ánimo de no confundirle, una vez elegido, no debemos cambiarlo. Asimismo debemos dirigirnos a nuestra mascota en tono neutral y agradable, y no gritándole. Si le hablamos en un tono de enfado, pensará que ha hecho algo mal y no responderá ya sea por miedo o desconfianza. Por último, como recomienda Animalesmascotas, aunque mucha gente lo hace, tampoco es recomendable elegir un nombre de persona, ya que puede herir susceptibilidades y, de nuevo, crear confusión. No en vano, imaginen por un momento que se llama igual que un familiar o un conocido.

Por su carácter o por su aspecto

Una de las prácticas más habituales es elegir un apelativo que responda a su forma de ser y de comportarse. Por ejemplo, ‘Dormilón’, si es muy perezoso y se pasa el día durmiendo; ‘Huesos’, si está muy delgado; ‘Bella’, si es una perra o una gata muy hermosa; ‘Trasto’ y ‘Bicho’, si es muy juguetón y travieso… Lo que hay que tener claro es que el nombre es su carta de presentación. Por ejemplo, una persona que acaba de conocer al animal, se guiará por el carácter que ese nombre sugiere. Si un perro se llama ‘Sultán’ esperaremos de él que sea dominante y quizá algo fiero y estaremos a la defensiva. Si se llama ‘Corazón’, que sea tierno y bonachón y no tendremos tantos reparos a la hora de acercarnos a él.

Otras fuentes de inspiración son la apariencia física de nuestro animal (‘Manchita’, ‘Blanquita’, ‘Pelusa’…) y los nombres de los perros famosos, ya sea por su aportación a la humanidad o por su aparición en películas (‘Laika’, ‘Rex’, ‘Rintintín’, ‘Lassie’. Luego están los personajes mitológicos (‘Zeus’, ‘Sansón’, ‘Dalila’…) o los importados del inglés ’Lucky’, ‘Blacky’, ‘Happy’…). La lista es infinita. Aunque sin pasarse, trate de ser creativo y original, no vaya a ser que en el parque donde pasea a su perro haya otro que se llame igual y, en lugar de uno, nos respondan dos a un tiempo.

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