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Fotografía extraída del portal www.perros.com

Madrid, 2 de marzo del 2012.- Aún nos quedan dos meses de invierno. Sin embargo, hasta el momento, se ha caracterizado por una preocupante ausencia de lluvias. Las consecuencias de un invierno seco y el adelanto de las temperaturas primaveriales puede perjudicar seriamente a los perros debido a la oruga conocida vulgarmente como “procesionaria” porque es diminuta, peluda y camina en hilera.

La alarma del incremento en el número de casos de “procesionaria” en perros se ha disparado en Andalucía. En concreto, ayer el Diario de Jaen publicada la siguiente información:

 Estas orugas pueden ser letales para los perros, a los que les producen graves edemas en la lengua. Veterinarios advierten del aumento de consultas por su causa.
La ausencia de lluvias y las temperaturas primaverales son las causantes de que la procesionaria u oruga del pino esté en su máximo esplendor. Las zonas del Neveral, el Castillo, casas de campo o los parques que cuentan con pinos o cipreses son su hábitat natural y ya se pueden ver en un gran número en todos estos sitios. Durante este mes, se convierten en espacios vetados para los animales por prescripción veterinaria, ya que corren el riesgo de perder la vida.

La oruga procesionaria provoca urticarias a los humanos, pero en los perros se pueden llegar a dar necrosis, y en casos avanzados y graves, hasta perder la vida.

Para detectar esta plaga en nuestra mascota los síntomas son: lengua inflada o salivación mayor de la habitual. A la mínima sospecha a la visita urgente al veterinario es esencial para erradicarla a tiempo.

A continuación, cito la descripción técnica y detallada que ha elaborado el Grupo Veterinario PetsWorld: “El perro principalmente y, sólo ocasionalmente, el gato (menos impulsivo, más calculador y selectivo) suelen ser las víctimas del contacto. Éste se puede producir con la hilera de procesionaria en movimiento, con nidos caídos al suelo que hacen desprender en el entorno los pelos urticantes o, muy ocasionalmente, con pelos llevados por el viento que dan por ejemplo afecciones oculares. Las localizaciones, el pronóstico y las secuelas de las lesiones están estrictamente relacionados con la parte del cuerpo afectada, con la intimidad del contacto y con la precocidad del tratamiento. La localización más frecuente es la oral (hablamos entonces de estomatitis) que, a su vez, se puede clasificar en glositis (lengua) o queilitis (labios); anatomopatológicamente se llega a tener una estomatitis necrótica precedida por dos fases, erosiva y ulcerativa, que en función de la efectividad de la terapia puede evolucionar hacia curación o progresión. La fase erosiva deja íntegra la membrana basal del epitelio, mientras que la ulcerativa profundiza en la submucosa impidiendo su restitución íntegra. Menos probable pero descrita es la localización ocular, si los pelos son transportados por el viento pueden ir en contacto con los párpados ocasionando blefaritis o con la córnea, donde pueden llegar a causar úlceras, detectables con lámpara de hendidura. Otra posibilidad es la aspiración durante el olfateo, que causa rinitis aguda. A diferencia del hombre, las lesiones cutáneas son poco frecuentes.
La toxina que se libera de los pelos especializados de la oruga se llama taumatopenia y es una haloproteína que ocasiona la liberación de histamina por desgranulación de los mastocitos, mediando así una potente reacción inflamatoria prolongada por la permanencia de los pelos que se quedan clavados a la zona mucocutánea gracias a su particular estructura. Los pelos del dorso del artrópodo están protegidos por estructuras tegumentarias y, en caso de peligro, el pelo se rompe y la ampolla libera la toxina; hay que considerar también el contacto indirecto, es decir, no con la oruga directamente, sino con su nido, donde se encuentra cierta cantidad de exudado larvario y pelos urticantes,. Es por ello que los nidos caídos pueden ser fuente de contagio si son manipulados por los perros, y de allí el viento puede desplazar estos pelos y ponerlos en contacto con la piel y mucosas originando reacciones en ausencia de orugas. El cuadro que se genera puede hacer definir la patología como dermatitis tóxico-irritativa, que tiene estricta semejanza con las reacciones alérgicas agudas, en las que el mecanismo fisiopatológico fundamental es la hipersensibilidad inmediata tipo I, mediada por IgE El cuadro que se genera es similar a un angioedema neurótico o urticaria”.

Por lo tanto, durante estas semanas y en las próximas, ya con la primavera, recomiendo estar muy pendiente de la boca de nuestra mascota.

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