Llega el momento de hacer recuento de cuánto queremos a nuestros bebés.

Julio y agosto son los meses de más calor y los que elige la gente para huir del mundanal ruido de la ciudad e irse a disfrutar de una isla paradisíaca en playas cristalinas o de un pueblo rodeado de montaña, paz y tranquilidad.

Pero cada año a estas alturas nos encontramos con el mismo problema: ¿qué hacemos con nuestros hijos? Cuando llevas todo el año bajo estrés, lo que menos te apetece es irte a relajarte con unas pequeñas criaturas detrás que lloran, que te piden estar pendiente de ellos, que te impiden estar todo el rato relajado tumbadito en la playa, que tienen sus horarios de comer y dormir, que hay que ducharlos y vestirlos, que gritan… En fin, una auténtica pesadilla.

Esto si eres padre, si eres hijo y tienes que cuidar de tus padres de edad avanzada, el problema es exactamente el mismo.

Tenemos dos opciones: la primera es dejarlos con algún familiar que los cuide mientras estamos fuera. Si no es un familiar, puede ser un campamento en el caso de los niños, o una especia de asilo en el caso de los abuelos.

Pero, no nos engañemos, ésa es una opción que cuesta una cierta suma de dinero.  Por ello y porque es mucho más fácil que buscar el sitio idóneo, lo que podemos hacer y a lo que acostumbramos es abandonarlos. Podemos comenzar a conducir destino a la playa y parar en cualquier carretera, engañándoles para que se bajen del coche y salir corriendo.

También podemos ir a un pueblo lejano y dejarlos ahí sin que nadie te vea para no ser centro de unas críticas que, desde luego, no te mereces, porque todos sabemos lo que te apetece disfrutar relajado de tus vacaciones.

Una tercera opción es sacrificarlos, pero eso también queda como feo.

En cualquier caso, si los dejáis en una carretera, hacedme caso en este consejo: salid corriendo lo más rápido posible porque es muy posible que aquél al que has abandonado muera atropellado por otro coche, y da un poco de cosa verlo morir después de tanto tiempo juntos y de todo el amor y lealtad que aquél al que abandonáis ha dado siempre en la familia.

¿Es acaso esto un disparate? Pues nunca lo hagas, no hay ser vivo que lo merezca.

Perros abandonados

Abandonarlos es matarlos

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