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Por cada buena noticia que tenemos del mundo animal, leemos 10 malas.

Parece que maltratar es muy barato en este país. Hace un par de días leíamos la noticia de un maltratador de animales reincidente y cuya reincidencia (valga la redundancia) se debe a la falta de medidas que contra él tiene el sistema.

Este maltratador tiene una causa pendiente abierta desde el año 2010 y, de haberse celebrado ya ese juicio, quizá este nuevo acontecimiento nunca hubiera tenido lugar. En esta ocasión, encerró a cuatro perros en un remolque sin comida ni bebida hasta que uno de ellos falleció. Pero no contentos con ello, el Ayuntamiento ordenó el sacrificio de los tres perros restantes una vez éstos fueron encontrados el SEPRONA.

Arancha Sánchez, abogada del Partido Animalista, ha tachado esta medida de injustificada e incauta al tratarse estos perros de una prueba en contra del supuesto maltratador.

Más allá de lo ilógico del caso que acabamos de citar, lo preocupante aquí es que no estamos hablando de casos aislados.

Seamos honestos: el maltrato animal no es siquiera considerado maltrato por la mayoría de la población ya que, como no pueden quejarse, su dolor no cuenta y se da por sentado que han nacido para sufrir. Y esto, muy señores míos, es una pena.

Entender el maltrato como algo natural y normal es algo muy peligroso, no sólo para los animales, sino para todos nosotros. La misma sangre que se tiene para herir a un animal, se tiene para herir a otro ser vivo. Y no, para los que estén irónicamente bufando que la vida de un animal no es lo mismo que la de un ser humano, se lo digo yo: no, no es lo mismo.

Pero eso no justifica en ningún momento que hiramos por voluntad propia a los animales o que continuemos impasibles cuando sabemos que alguien lo está haciendo. Por si no lo han visto nunca: los animales lloran. Los perros lloran cuando les pegan, los gatos corren, otros se defienden como pueden.

El dolor siempre es dolor, seas lo que seas.

El maltratador siempre es maltratador, a quien quiera que sea que maltrate.

Y el que ignore, siempre será un ignorante que debería entender la vida de otra forma.

 

 

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