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Lo que parece que un día se fue, ahora vuelve con más fuerza.

Ser del Madrid o del Barça es cuestión de gustos. La playa o la montaña es cuestión de gustos. Verde o rojo es cuestión de gustos.

Que el toreo es maltrato animal no es cuestión de gustos.

Hace un par de meses escribíamos una historia que, a quien más quien menos, dejaba atónitos a aquellos que lo leían. Era una historia muy realista sobre lo que el toreo significa, sin más y sin menos, estableciendo una analogía necesaria para aquellos despistados que no lo vean como maltrato al tenerlo tan interiorizado.

Hace unos días José Tomás llevaba a cabo una “increíble gesta” convirtiéndose, aparentemente, en el nuevo héroe del siglo XXI. Protagonizó las portadas y páginas de los medios on-line y off-line de todo el país, tanto de los medios históricamente amantes y seguidores del toreo como de aquellos que, por su ideología y trayectoria, sorprenden por esos contenidos.

Once orejas y un rabo, que se dice pronto. Y no sólo eso es lo que convierte a este ser humano en el nuevo Terminator (que tiemble ya Arnold Schwarzenegger): en la plaza, empapado en sangre ajena, indultó a un toro, ¡QUÉ PROEZA! Como si fuera él el encargado de decidir el futuro del astado.

José Tomás en el ruedo

José Tomás en el ruedo

Me disculparéis las ironías entendiendo mi postura. Casi tan indignante es el espectáculo del dolor y la muerte como repulsiva me ha resultado la cobertura informativa del mismo. He echado mucho de menos las voces de aquellos racionales que, sin estar de un lado o de otro, en ocasiones manifiestan con su silencio su disconformidad. Esta vez parece que sólo había lugar para el elogio y el aplauso.

No deja de sorprenderme cómo, en El País, se incluye una “oda” al diestro en la sección de cultura, CULTURA, nada más y nada menos que cultura. De repente he empezado a pensar y divagar por el significado de esa palabra y he querido recoger esta definición que es la que yo tenía entendida desde hace años.

En el uso cotidiano, la palabra “cultura” se emplea para dos conceptos diferentes:

  • Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura.
  • Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales (tecnologías) que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo.

Entiendo que, ante tal espectáculo, es muy difícil definir cuál sería la sección más adecuada para enmarcarlo dentro de un diario. ¿Cultura? ¿Deportes? ¿Espectáculos? ¿Sucesos? A mi parecer, creo que la última sería la más idónea.

Los toros han vuelto por la puerta grande (nunca mejor dicho) a la televisión pública, esa que siempre se ha dicho que pagamos todos. Considero imprescindible la necesidad de un ente público y neutral que, aunque siempre del lado del sol que más calienta por razones obvias, esté a disposición de los españoles. Pero, ¿en serio estoy pagando yo una televisión en la que se emite esta barbarie? ¿Mi voz no cuenta para este tipo de decisiones?

Duele mucho ver que todos los esfuerzos que realizamos muchos en contra del toreo, de los cientos o miles de manifestantes que luchan por abolir estas tradiciones tan españolas, de todos los movimientos que surgen en redes sociales y menos sociales… Duele ver que todo esto que tanto tiempo lleva, no es ni la sombra de un recuerdo cuando llega una corrida de toros.

A veces creo que siempre vamos a vivir así, sin cuestionarnos si las corridas deberían seguir adelante sin ningún tipo de cambio en su planteamiento.

Si el toreo es esto, no seré yo quien encienda la televisión.