El público está habituado a ver campañas para salvar, por ejemplo, a los fotogénicos pandas, ¿pero existen animales cuya apariencia extraña dificulta su conservación?

Las especies más conocidas por encontrarse amenazadas suelen ser las más agradables, e incluso “adorables” de acuerdo a criterios estéticos convencionales. Pensemos por ejemplo en los tigres, los gorilas y los osos panda.

Pero los científicos dedicados al estudio de especies menos comunes aseguran que muchos de los animales en mayor peligro también poseen características que los hacen únicos.

Un proyecto de la Sociedad Zoológica de Londres denominado EDGE, acrónimo de Evolutionarily Distinct and Globally Endangered, “Especies distintivas desde el punto de vista evolutivo y en peligro”, está tratando de llamar la atención sobre estas criaturas menos apreciadas.

“Amo a todas las especies en la lista Edge”, dijo Carly Waterman, directora de la iniciativa.

“Pero creo que algunas necesitan de nuestra ayuda para llegar al corazón del público”.

Una de las especies inlcuidas en la lista Edge es la ranita de Darwin, que enfrenta la doble amenaza de la pérdida de hábitat por la destrucción del bosque nativo en Chile y la ceniza de erupciones volcánicas. El científico chileno Claudio Soto-Azat está trabajando junto a colegas para salvar esta especie, la única especie de anfibio en la que el macho es capaz de embarazarse.

A continuación presentamos otros integrantes de la lista Edge, seres escamosos o peludos, pero que requieren en forma urgente la atención, el cariño y la conciencia de más adeptos para lograr sobrevivir.

Vive sólo en Papua Nueva Guinea y se encuentra en peligro crítico.

Es una de las tres especies de mamíferos que pone huevos en lugar de crías vivas, un grupo llamado monotremas, que incluye al ornitorrinco.

“Muchos investigadores en el campo de la medicina querrían saber cuál es el secreto del éxito de esta especie. Podríamos aprender mucho de estas equidnas”, señaló Peggy Rismiller, de la Universidad de Adelaida en Australia, que ha venido estudiando la especie desde la década de los 80.

Es un animal muy tímido y ha sido difícil estudiarlo. No se sabe con exactitud cuál es su población en la actualidad.

Las equidnas usan su largo hocico para excavar el lodo en busca de lombrices.

La especie se extinguió en Australia hace cerca de 20.000 años cuando las sequías hicieron que se secara el lodo que requieren para sobrevivir.

Los pocos investigadores dedicados a su estudio están intrigados con el gran tamaño de su cerebro.

La mitad del cerebro de las equidnas está formado por neocórtex, la materia gris que permite a los mamíferos razonar, aprender y recordar. Un tercio del cerebro humano es neocórtex.

Pero la inteligencia de estos animales los hace aún más elusivos como objeto de estudio.

Cuando Rismillery y sus colegas colocaron radiotransmisores en equidnas de hocico corto para seguir sus movimientos, los investigadores percibieron que los animales escuchaban los mensajes de los científicos en los receptores.

“Reconocían el sonido emitido por sus transmisores”, dijo Rismiller.

“Y cuando lo escuchaban, se echaban a correr”.

Fuente: El Nuevo Día