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Como me encanta tener una relación directa con vosotros y agradezco mucho a todas esas personas que apoyan de manera incondicional el bienestar animal y la lucha por sus derechos, hoy quiero compartir con vosotros un bonito poema que mi gran amiga María José nos ha acercado hasta nuestra página oficial de Facebook:

Yo soy el que te espera…

tu coche tiene un sonido especial y

puedo reconocerlo entre mil.
Tus pasos tienen un timbre mágico, son
música para mí.
Tu voz es el mayor signo de mi tiempo
feliz y, a veces, no es necesario
mencionar: oigo tu tristeza.
Si veo tu alegría, ¡me hace feliz!
no sé lo que es olor bueno o malo, sólo
sé que tu aroma es el mejor.
De algunas presencias a veces me
gusta, otras, no tanto.
Pero tu presencia es lo que mueve mis
sentidos.
Tú despierto, me despierta.
Tú durmiendo eres mi dios, reposando
en casa, y yo cuido tu sueño.
Tu mirada es un rayo de luz, cuando me
doy cuenta de tu despertar…
Sus manos sobre mí, tienen la ligereza
de la paz.
Y, cuando tú sales, todo está vacío otra
vez…
Y vuelvo a esperarte siempre y
siempre…
Por el sonido de tu coche;
por tus pasos;
por tu voz;
por tu estado siempre inconstante del
humor;
por tu olor;
por tu reposo bajo mi vigilia;
por tus ojos;
por tus manos.
Y soy feliz así.
Yo soy el que te espera:
¡soy tu perro!

Es más, quienes poseen un animal, tiene
un “ángel” para guardarlos…
son los ángeles de cuatro patas…
hay personas que no les gustan los
perros.
Éstos, por supuesto, nunca tuvieron en
su vida un amigo de cuatro patas o, si
tuvieron, nunca miraron dentro de sus
ojitos para darse cuenta de quién
estaba allí.
Un perro es un ángel que viene al
mundo a enseñarnos el amor.
¿Quién más puede dar amor
incondicional?
Amistad, sin pedir nada a cambio;
cariño, sin esperar regreso;
protección, sin ganar nada;
¿Fidelidad, 24 horas al día?
Ohhh, nada de nada de que los padres
hacen eso. Los padres son humanos y,
cuando riñen a sus hijos, tienden a
enojarse…
¡Sin embargo un perro no se va lejos!
Incluso cuando les reprendemos vuelve
con la cabecita baja, a pedir disculpas
por algo que a lo mejor no ha hecho… y
lamen nuestras manos para pedir
perdón.
Algunos ángeles no tienen alas,
tienen cuatro patas,
un cuerpo peludo,
nariz de bola,
orejas atentas,
mirada de angustia y necesidad.
A pesar de este aspecto, son como
ángeles como muchos otros
(como aquellos con alas) y se dedican a
sus amos humanos tanto como
cualquier ángel suele dedicar.
A veces un ser humano lleva el disfraz
de ángel y sale a las calles para salvar
algunos ángeles abandonados tirados a
la suerte. Curan sus heridas, les dan de
comer y a veces los acogen en su
vivienda. Sólo para tener la sensación
de haber ayudado a un ángel…
dios, cuando nos hizo humanos, ya
sabía que necesitaríamos de guardianes
materiales que nos quitase del cuerpo
las aflicciones de los sentidos y que nos
permitiría sobrevivir cada día con casi
nada, más allá de la mirada y la lamida
de un perro.

Poema de un perro