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Aunque más atrás podéis encontrar más artículos al respecto, por petición popular volvemos a abordar el tema de la oruga procesionaria, uno de los más temidos peligros para nuestros perros y que conviene tener en cuenta.

Nuestra compañera Ester Egea nos advierte sobre este peligro:

Aunque la oruga procesionaria suele estar presente cuando se acerca la primavera, no podemos descuidarnos. Ese insecto pequeñito y peculiar, que forma unas hileras tan asombrosas en los parques, puede ocasionarles lesiones muy graves, e incluso provocar la muerte si no actuamos rápido.

Introducción

Comencemos conociendo el ciclo biológico de este pequeño “terrorista”. La oruga procesionaria (Thaumetipoea pityocampa) es un lepidóptero de hábitos nocturnos que pasa parte de su ciclo en los pinos y, en contadas ocasiones, en cedros y abetos.

Su ciclo comienza en verano, cuando los adultos en forma de mariposa se aparean. La hembra coloca sus huevos en las copas de los árboles donde, un mes después, nacerán las orugas que pasarán por tres estados larvarios hasta que abandonen el nido. En los árboles se alimentan de las acículas y construyen nidos con forma de bolsas de seda, fácilmente apreciables a nuestros ojos. Allí pasan el invierno, soportando temperaturas de hasta menos diez grados bajo cero. Cuando llega la primavera y las temperaturas suben, se produce el llamado “reflejo de enterramiento”, en el cual forman esas hileras características y abandonan el árbol para buscar un lugar apropiado donde enterrarse y transformarse en pupa. Así permanecerán hasta convertirse en mariposas adultas, cerrándose de nuevo el ciclo.

Es importante señalar que solo la fase larvaria (la oruga) cuenta con la propiedad urticante. Tienen unos pelos con forma de gancho que contienen en su interior la toxina, llamada taumatopenia, capaz de producir una potente reacción inflamatoria al contacto con ella.

La aparentemente bonita oruga procesionaria

La aparentemente bonita oruga procesionaria

¿Qué síntomas apreciaremos?

Cuando la toxina entra en contacto con el animal, desencadena la mencionada reacción inflamatoria. Ésta será proporcional a la cantidad de toxina a la que nuestra mascota haya estado expuesta.

En el caso de los gatos, es muy raro que se den este tipo de urgencias, ya que son animales más calculadores; les gusta acechar a su presa, rara vez suelen ingerirlas. Son más propensos a golpearlas con las patitas. Sin embargo, la dermatitis por contacto, a diferencia de los humanos, es muy rara en animales.

El contacto oral es el más común: nuestro perro comenzará a hipersalivar, con actos de deglución muy rápidos, e intentará rascarse la boca con las patas debido al prurito y al intenso dolor. Poco después comenzará a inflamarse la región afectada, apareciendo glositis (inflamación de la lengua), estomatitis (inflamación de la mucosa oral), o queilitis (inflamación de los labios).  Muchas veces la inflamación es tan grave que impedirá al animal cerrar la boca con normalidad. Si ha ingerido alguna oruga, el cuadro clínico se complica y encontraremos, además, vómitos profusos y nauseas.

Estado de la boca del animal

Estado de la boca del animal

Si se deja evolucionar el cuadro clínico sin llevar a cabo un tratamiento adecuado, la lengua y demás zonas inflamadas comenzarán a necrosarse, adquiriendo tonalidades que varían del verdoso, negruzco o amarillento, pudiendo llegar a perder fragmentos del tejido lingual. También pueden formarse ránulas bajo la lengua (vesículas con saliva en su interior). En casos muy graves, pueden desarrollar edema laríngeo, comprometiendo su función respiratoria, disnea, hipertermia, convulsiones y en último término la muerte.

A veces el contacto es indirecto, es decir, el animal entra en contacto con pelos de las orugas transportados por el viento al caerse los nidos. En estos casos, pueden desarrollar síntomas oculares como conjuntivitis, o rinitis al inhalarlos, apareciendo estornudos. Estos casos son más difíciles de diagnosticar, puesto que pueden confundirse con otros tipos de reacciones alérgicas.

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¿Qué podemos hacer?

Ante esta situación no podemos esperar, debemos acudir cuando antes a un veterinario. El cuadro clínico y sus secuelas serán más graves cuanto más tarde el animal en recibir un tratamiento adecuado.

Como propietarios, existen unos primeros auxilios que podemos aplicar antes de llevarlo a la clínica. Debemos lavar a conciencia la zona expuesta, que en la mayoría de los casos será la boca. Para ello emplearemos agua caliente, sin que queme, aplicándola en la cavidad oral con un chorro a presión. Podemos usar jeringuillas si tenemos en casa; si no, una cantimplora o cualquier botella con boquilla que permita al agua salir en forma de chorro. NUNCA frotaremos la zona,  porque los pelos de las orugas se clavan en las mucosas y es con el estímulo de la fricción como liberan la toxina. Debemos usar agua caliente o, en su defecto, vinagre o limón, porque inactivan la toxina, impidiendo que el animal siga absorbiendo más cantidad de tóxico.

Es posible que nuestra mascota no se deje manipular bien debido al prurito y al dolor, por lo que necesitaremos la ayuda de otra persona. Aunque les duela debemos hacerlo, pues reduciremos la carga de la toxina absorbida.

En el caso de que se produzcan vómitos, debemos permitir al animal vomitar libremente, pues estará liberándose de las orugas ingeridas. Es importante que al manipular la boca del animal, o al recoger sus vómitos, nos pongamos guantes. El contacto con el vómito puede producir reacciones cutáneas bastante molestas en los propietarios o en los veterinarios al explorarles.

El tratamiento en clínica

Cuando lleguemos a la clínica es importante comentarle al veterinario si hemos visto el contacto con la oruga o la sospecha de que pueda haberse producido, puesto que orientaremos el diagnóstico y vuestra mascota recibirá el tratamiento inmediatamente.

El tratamiento se basa en el uso de corticoides de acción rápida administrada por vía intramuscular o intravenosa. También recibirá protectores gástricos, antibióticos de amplio espectro y, en los casos más graves, analgésicos y fluidoterapia.

En los casos más leves, el animal será dado de alta con un tratamiento oral para administrar en casa, así como consejos para estimular la ingesta de alimentos y agua, para impedir la deshidratación y la pérdida de peso. Normalmente se aconseja al propietario que durante unos días el pienso seco sea sustituido por latas de comida húmeda, potitos o papillas de bebé.

En los casos más graves, suele requerirse la hospitalización de nuestro animalito, para monitorizar la evolución de las lesiones inflamatorias o la necrosis, mantenerle con fluidoterapia para prevenir su deshidratación hasta que pueda ingerir por sí mismo y administrar por vía intravenosa la medicación para que surta efecto antes.

¿Qué podemos hacer para prevenir esta situación?

Las soluciones simples son siempre las más efectivas: evitar las zonas con pinos en el inicio de la primavera. Si paseamos por una zona donde sabemos que existen bolsas de seda, no debemos dejar a nuestro perro suelto y sin vigilancia.

Si tenemos algún pino, abeto o cedro en nuestro jardín es importante observar que no haya nidos y, en el caso de que los hubiera, debemos tomar medidas para eliminarlos. NUNCA hay que eliminarlos con palos para que caigan, ya que se produce la dispersión de los pelos urticantes. Debemos podar las ramas y luego quemarlas bajo estricta vigilancia. Lo mismo ocurre si vemos una hilera: no debemos pisarla para evitar la dispersión, debemos recogerla con recogedor y escoba y hacer una quema controlada en un recipiente.

Existen productos fitosanitarios para el control de esta plaga que deben usarse con mucha precaución. Otra solución es colocar cajas nido en nuestros jardines para fomentar la presencia de sus enemigos naturales, como son algunas aves paseriformes (carboneros, herrerillos), urracas, cuervos, abubillas, etc.

En definitiva, debemos evitar la exposición de nuestras mascotas a este peligroso insecto durante los meses de primavera y, en el caso de que tengamos un descuido (todos somos humanos), debemos acudir rápidamente a un centro veterinario. Nuestro amigo pasará unos días bastante molesto y convaleciente, pero si actuamos rápido todo quedará en un pequeño susto.