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Hoy recogemos un merecido homenaje a nuestros compañeros de de la Protectora de Burgos recogido en El Norte de Castilla, porque su trabajo merece ser reconocido.

Ladridos y maullidos se entremezclan en las instalaciones de la Protectora de Animales de Burgos. La casa de los animales abandonados acoge cada año una media de 600 inquilinos, entre perros y gatos. Una cifra que ha ido ‘in crescendo’ desde que comenzara la crisis y que aumenta cada año, por estas fechas, por la mala práctica de regalar una mascota como si fuese un juguete. Los responsables de la casa de los animales sin hogar alertan de estos y otros peligros e intentan concienciar, campaña a campaña, de que un animal «no es un juego» y puede ser «uno más de la familia».

Peludines esperando su oportunidad

Peludines esperando su oportunidad

Power, Fer, Tobby, Chanel y Kevin conviven desde hace meses en la jaula 18 de la Protectora de Animales. Ladran sin descanso y piden, a todo aquel que pasa, que les saque de su jaula. Estos cuatro cinco canes de tamaño pequeño y medio son solo una pequeña parte de los 180 perros que esperan en las instalaciones que la Protectora de Animales de Burgos tiene ubicadas en la carretera de Quintanadueñas un golpe de suerte. Una espera que cambia la mirada de muchos de quienes un día fueron acogidos en un hogar y ahora pasan las horas en una jaula en la que, sin embargo, no les falta ni comida, ni vacunas, ni un paseo semanal.

«Eso es lo que más echan de menos: sus paseos, el estar en el campo, con los suyos o con una familia», reconoce la portavoz de la Protectora de Animales de Burgos, Sara Menor. Su cometido, como el de la veintena de voluntarios que trabajan de forma altruista en este espacio, no es otro que el mejorar la vida de «los peludos y de los gatitos». «Lo hacemos como bien podemos, con colectas, con aguinaldos que llegan en fechas como estas desde España y otros puntos del mapa y con la ayuda de las instituciones», agrega.

La Protectora de Animales de la capital burgalesa es un ejemplo de una política social que cuida de mascotas abandonadas. «No tenemos muchos fondos y desde que empezara la crisis aún menos pero vamos tirando», declara esta enamorada de los animales. De su trabajo, y del de resto de voluntarios y asociaciones implicadas, depende la vida de cientos de animales. «Ahora tenemos 180 perros y unos sesenta gatos, pero a lo largo del año pasan más de medio millar, unos 600», concluye.

Perritos

Perritos

Desde hace más de una década, la ‘Protectora’ recoge en el refugio a los animales que han sido abandonados o se encuentran desamparados. Asimismo, se encarga de cuidar, el tiempo que estime, a animales que sufren cualquier tipo de enfermedad o dolencia. «Somos una especie de hospital de animales que carecen de todo. Desde que les acogemos no les falta de nada y pronto se inicia la búsqueda de una familia para que pasen en el refugio el menor tiempo posible», apostilla Menor. Hasta que se logra una acogida o una adopción definitiva, los voluntarios se encargan de la manutención del animal, así como de su asistencia veterinaria. «Lo más importante son los animales y su salud», destaca la portavoz.

Mascota no es igual a regalo

Con la llegada de la Navidad son muchas las personas que deciden regalar un gato o un perro a sus hijos. «Muchas veces es un error lo que hacen, porque un animal no es un juguete. Si regalas una mascota debes saber que es para toda la vida. Que no puedes tenerla en casa y cuando te cansas dejarla en la calle, que es lo que hacen algunos», lamenta Menor.

El ejemplo anterior lleva muchos de los nombres de quienes otrora tuvieron un plato lleno de pienso y un hogar en el que aprender a socializarse y que ahora comparten jaula con perros que han sido, como ellos, igualmente abandonados. Otros animales han pagado las consecuencias de la crisis. «Hay mucha gente que nos los ha traído porque no podía pagar su comida o las vacunas», añade la responsable de esta casa de animales abandonados.

A algunos la vida les dejó sin amos. Un ejemplo es el de Lazo, un perro de ocho años, de presa, que vivió toda su vida junto a su dueño en una caseta anexa a la vivienda familiar. A la muerte de su cuidador, el can estuvo meses en estado de ‘semiabandono’ en una finca. «La familia tuvo un problema de herencia y nadie quería hacerse cargo del perro. Lo tuvimos que sacar con un lazo porque era un animal que casi no había estado con humanos y no se relacionaba demasiado bien», añade Menor.

Perros en la Protectora de Animales de Burgos

Perros en la Protectora de Animales de Burgos

En la Protectora de Animales hay un sinfín de historias. Algunas muy tristes y otras un poco más halagüeñas. De suerte sabe, y mucho, un pastor alemán que estos días deambula por las jaulas, suelto y sin peligro alguno a la vista. «¿No le conocéis? Salió en todos los periódicos por lo que le hicieron», indica una voluntaria. Un simple vistazo delata al can. Se trata de un perro abandonado, descubierto en la Perrera Municipal el mismo día del incendio de la planta de Campofrío.

«Pasamos a la instalación de Villafría, de cuya asistencia se encarga SEMAT, para ver cómo se estaba gestionando la protección de los animales frente a la posible nube tóxica desprendida del fuego y allí nos encontramos a este perro», declaró Menor. Con una pata rota, el cuello en carne viva y la cola necrosada, fue rescatado de aquel tétrico escenario y trasladado a la casa refugio. «Le tuvimos que cortar el rabo porque no le vio ningún veterinario y casi se muere», denuncia Menor.

Ayuda desinteresada

Son muchas las personas que ayudan a los huéspedes de la Protectora de Animales. Las formas de ayudar son múltiples. Una de las más demandas conlleva la acogida temporal de un animal. «Se trata de un hogar temporal para un animal hasta su adopción o recuperación. Hay veces en que esa acogida torna en adopción», reconoce Menor. En este apartado, el de acogida, se incluye a los cachorros de biberón. «Necesitan tomar leche cada dos o tres horas y no se pueden sacar a la calle hasta que estén vacunados», comenta una voluntaria.

Un gato en la Protectora de Animales de Burgos

Un gato en la Protectora de Animales de Burgos

También son acogidos los «ancianos», que en sus últimos años se muestran muy tranquilos y «sólo quieren dormir y estar calentitos en una casa». «Algunos solo quieren un hogar para morir y también hay gente que se interesa por esta última fase del animal». Este es el caso de una burgalesa que pasó hace unos meses por la Protectora y pidió «los gatos que peor estuvieran». «Sabía que se le iban a morir pero quería que lo hicieran dignamente. En un hogar y con el cariño que les había faltado», explica Menor.

Hasta que llegan los finales felices, perros y gatos aguardan la llegada del fin de semana. Todos los domingos, decenas de personas se acercan hasta la casa refugio para pasear a los perros. «Se les ilumina la cara, les cambia todo», indican los voluntarios. Este es el caso de Mía, una hembra de Husky a quien el paseo «le da la vida» y le une «más si cabe» con el mundo que un dia dejó.

Los paseos duran varias horas y en este tiempo el perro se siente libre. «Les damos unas pautas pero como ellos ya van conociendo al animal ya saben lo que tienen que hacer», añaden los responsables del centro.

Esos encuentros temporales tornan en muchas ocasiones en una adopción definitiva. El enamoramiento humano-perro a veces es inevitable. El desenlace es el mejor de todos los planteados. «Es lo más bonito, cuando vemos como una familia se lleva a un perro o a un gato al que ya sienten como propio». Es el final de una cadena que a veces acaba en final feliz. A la espera están otros tantos animales que aguardan cariño y ayuda por parte de las administraciones.

 

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